UN CAFÉ SOLO, POR FAVOR

08.07.2018

A veces no puedo evitar buscar rápidamente un soporte donde poder escribir. Sea una hoja en blanco, virtual o de celulosa, me llegan unas cosquillas en la barriga como si alguna fuerza desde esa zona me empujara a mover los brazos para empezar a escribir, llegando hasta mis dedos.

Acabo de ver una pareja que escoge una mesa para tomar su desayuno.

"Un café solo y un café con leche, con leche de soja, por favor".

"2,40. Gracias."

Ella saca su teléfono, mientras va removiendo su café, con leche de soja, por favor, gracias.

Él toma a sorbos de su café solo. Y sólo solo, se pregunta cómo habrán instalado esos toldos de la terraza dónde están sentados. 

"¿Dónde los habrán comprado?- dice él.

"Ni idea" - responde la chica. 

Yo observo.

No los conozco de nada.

Ella sonríe tras mirar la pantalla de su teléfono.

Él me mira.

Puedo ver en sus ojos el vacío. Las ganas de llorar. Las ganas de salir de ahí.

"No voy a ser yo quien te saque de aquí. Decide qué quieres hacer con tu vida"- le digo a distancia y en silencio.

Yo escribo. 

Acabo de ver que esa pareja como se levanta de la mesa tras tomar su desayuno.

Él ya la espera de pie a su lado mientras va mirando al resto de gente que también toma sus desayunos, algunos en compañía, humana o perruna, y otros solos, con cafés solos. Como yo. Aunque, quizás, ellos no saben que yo estoy con todos a la vez, porque de ellos recojo la información de sus vidas para poder contarte historias preciosas.

Y ella, mira y escribe en su teléfono móvil. Esa conversación dónde está su alma, le emociona mucho. Cae una lágrima de su ojo izquierdo. La recoge mientras vigila no quemarse con el cigarrillo que sustenta entre dedos.

Se levanta. Y él la sigue. Caminan uno detrás del otro.

Se marchan. Como sus almas.