¡RÍO ABAJO! DÉJATE LLEVAR

01.07.2018

Salí a correr. Y de repente, todo el estrecho camino estaba lleno de barro y agua. ¡Eso era un riachuelo!. Al salir de casa, olvidé recordar que el día anterior había llovido mucho. Podía volver atrás, o podía seguir mi ruta... Y ahí empezó mi mente a trabajar.

Pensé en negativo y de pronto me vine abajo. No iba a bajar por ese estrecho río. Porque podría caerme, porque podría resbalar, porque me llenaría los pies de barro, pasaría frío, y lo peor es que quizás acabaría encontrándome con un camino lleno de charcos enormes por los que no poder pasar. Empecé a agobiarme. 

Así que pensé en positivo y cambié mi relato. Si seguía mi camino, aprendería a buscar sitios donde poner los pies de forma más segura. Primero se mojarían mis zapatos y luego los pies. Notaría el frescor del agua recién caída del cielo. Podrías aprender a buscar nuevos caminos paralelos más seguros. Podría llenar de barro los calcetines y pisar ya sin temor a caerme porque confiaría en esos pies mojados permitiéndoles seguir río abajo sin yo preocuparme. Incluso podría reírme mientras mis pantalones se irían ensuciando, advirtiéndoles que aún quedaría camino donde seguiría chapoteando sobre los charcos como cuando era pequeña.

Podía no llegar al final de ese camino, dando la vuelta. O podía llegar sonriendo y disfrutando de esa gran aventura.

Sea como sea, llegaría a mi casa. Solo tenía que tomar la decisión de qué modo llegar. 

Que suerte tengo, al poder escoger cómo pisar mi camino. No puedo pedir nada más. 

Agradece cada situación de tu vida y busca el aprendizaje y la aventura que conlleva.