Nada es casual. Sino causal.

10.01.2019

Esta mañana, antes de entrar al trabajo, he decidido tomar un cortadito con leche de almendras. Me encanta como lo prepara Jordi, el chico que trabaja en la panadería y cafetería que hay cerca del trabajo.

El lugar es pequeño, a penas a veces hay suficiente espacio para toda la gente que entra a desayunar. Tiene encanto. El olor a pan recién hecho junto con el aroma del café parece que ya te alimente el día.

Pues eso, estaba lleno de gente y solo quedaba un sitio en el que sentarse en la pequeña barra que hay junto a una de las ventanas. Nunca me había sentado ahí. Y al hacerlo, he vuelto a sonreír. Justo en ese espacio que quedaba para mí había este precioso dibujo natural de la propia madera.

Un ojo. El ojo que todo lo ve, el ojo que no distingue entre el bien y el mal. El ojo que me lleva directamente a pensar y sentir que estoy dónde tengo que estar. La conexión con mi propia esencia que está pidiendo hace días un cambio inminente. Porque nada es casual, solo es causal. Causa-efecto. Porque si solo se una cosa es que aquello que se proyecta desde el amor y la compasión, se acaba manifestando en la vida. Ese ojo, es la consecuencia.

Ahí estamos, re-despertando.

AL. 10 de enero del 2019.