Mi mente no se calla y no encuentro las soluciones.

11.11.2018

MI MENTE NO SE CALLA.

Tengo una preocupación: La nueva versión de mi blog. Hace semanas que noto que deseo hacer un cambio en lo que ofrezco en mi página personal. Me empecé a angustiar porque no sabía cómo hacerlo. Incluso esa angustia, me generaba estrés a la hora de realizar nuevos contenidos. La presión que me ponía a mí misma estaba provocándome una angustia y un no-disfrutar de lo que realmente me gusta.

Mi día a día está repleto de mensajes constantes, de pensamientos que van y vienen sin parar dentro de mi cabeza. Es la mente trabajando, intentando convencerme para encontrar la mejor manera de andar por la vida y solucionar esos problemas que rondan por mi cabeza. Pero no llega nada. Me siento bloqueada. Y encima me voy repitiendo que hoy solo tengo un par de horas para solucionarlo porque luego ya me voy a meter de lleno en la rutina y mis obligaciones...

Entonces pasa que cuando ya no puedo más y siento que mi mente va a estallar y que eso no me facilita nada la existencia, uso mi acceso a la consciencia para detenerme. Tomo una respiración larga y profunda y me escucho.

Mi alma necesita esa parada técnica para volverse a conectar con la vida. Entonces, me siento, se sentirme, aunque a veces de sentarme, depende. Abro mis brazos, físicamente o en mi imaginación. Tomo una respiración y me dejo llevar sintiendo conscientemente mi respiración en ese preciso instante. Entonces, centrándome en las sensaciones, dejo de pensar.

Hoy lo he aplicado así; 

Me he sentado en uno de los peldaños de la escalera que accede a mi jardín. Me he sentado junto al nuevo espacio que creé para hacer un huerto. De niña soñaba con tener mi propio huerto. Así que hace un año, lo creé, porque además, me encantan los tomates.

Pues bien, sin nada más que querer pensar, he cogido ese libro que me llamaba hoy la atención y he abierto aleatoriamente una página. Decía:

"La plantación de semillas": Piense en un momento en una tomatera..."

Buueeeeno. Ya os lo podéis imaginar...se me ha escapado una sonrisa.

El fragmento venía a decir que de una semilla seca, si la cuidamos bien, pueden salir sus frutos. Porque en la semilla está todo lo necesario para que salga una buena tomatera. Hasta aquí, parece fácil, no?

Vamos a la segunda parte. Decía también:

"Lo mismo pasa cuando usted quiere crear una experiencia nueva. La tierra es la parte subconsciente de la mente. La nueva experiencia está, en su totalidad, en esa semilla".

Siento esas palabras que acabo de leer y noto la esencia del mensaje mientras miro fijamente como las hojas van cayendo de los árboles y mi gato se tumba en el suelo para que lo acaricie. Solo observo. Sin preguntarme el porqué caen esas hojas o el porqué se tumba mi gato.

La semilla es esa nueva experiencia que ya existe dentro de mí y en mi subconsciente. Es la experiencia, la respuesta que estoy buscando para solucionar mi preocupación por el nuevo proyecto. Si yo cuido a esa semilla y la riego con afirmaciones positivas, como si de los rayos del sol se tratara, dándole luz, como la misma luz del sol de otoño resplandeciente que me acaricia hoy mi piel, esa semilla va a crecer y en consiguiente a dar sus frutos. A manifestarse en mi vida.

Tengo dos opciones, regar esa posible experiencia con agua sucia, con pensamientos negativos, o regarla con agua limpia, sana, pensamientos positivos y dedicándole mucho amor.

Decido regarla con la limpia.

Eso es lo que pasa cuando mi mente no calla buscando excusas o respuestas constantemente del cómo debo hacer las cosas. Por eso paro. tomo conciencia de que ya están ahí esas experiencias de mi vida y que tan solo debo escucharlas y dejar que sean, ellas solas, poniendo todo el amor y paz en ellas, regándolas con pensamientos positivos. Arrancando esas malas hierbas que crecen alrededor de cada afirmación positiva. Agradezco su existencia pero las neutralizo con respeto para que no interfieran en el crecimiento de mis experiencias, de mis sueños. Sin juicio.

Y pienso y creo en estas afirmaciones:

Agradezco que mi mente busque y no deje de buscar, pero ahora quiero sentir. Quiero estar abierta a lo que ya está en mi. Quiero estar en silencio y observar lo que me rodea, porque es ahí dónde hay las respuestas.

Estoy creando mi nuevo puesto de trabajo perfecto y confío en que la vida me trae todo lo que debo tener ahora. Me merezco lo mejor.

Entonces pasan cosas maravillosas. De golpe viene esa idea tan buscada para mi nuevo proyecto. Y comprendo el para qué hoy me he cruzado esta mañana con aquella persona a la que quiero abrazar, el para qué me ha sonado el teléfono invitándome a casa de una amiga y el para qué he recibido en este mismo instante un mensaje de agradecimiento. Justo ahora mientras te escribo estas palabras.

Esto es el sentido de la vida. Ya estamos ahí, pero hasta que no paramos, tomamos consciencia, permanecemos en silencio y ponemos nuestros sentidos en acción más que nuestras palabrerías mentales, no nos damos cuenta de que esas semillas ya van creciendo a su ritmo. Y que si no les prestamos atención y dejamos de cuidarlas, desaparecen. Ese brote se marchita.

Y todo lo que hoy se me ha dado, sino lo cuido, desaparece.

Esas cosas que me han sucedido hoy, ya son. Ya son esas respuestas que busco: Esa nueva idea es; empoderamiento, esa llamada; es amistad, ese mensaje; es amor.

No quiero perder eso, porque ya es.

Si no tomo conciencia de lo bueno que me está llegando y sigo insistiendo en mirar a otro lado, buscando respuestas que tampoco se adónde están, entonces entro en ese bucle que me lleva al estrés y a la ansiedad.

Sintonizar conmigo misma, conectar, o como le quieras llamar, siempre que pueda, aunque sea por unos segundos, me lleva al fluir natural de la naturaleza.

Como esos tomates.

En el momento que dejo de pensar, dejo de estar constantemente preguntándome cosas y buscando. Y entonces se manifiestan y aparecen solas. Porque esas soluciones no están dentro de ese par de horas que tengo hoy. Se están manifestando mientras trabajo, mientras preparo la comida de la semana, mientras juego con mi hijo... están ahí, siempre.

Compruébalo tu mismo. Y sobre todo no esperes a que llegue. Porque esperar genera más espera.

Si quieres que tu mente se relaje, busca siempre que puedas, los segundos para escucharte y sentirte. Tu mente se relajará y tu cuerpo, alma y mente se abrirán a sentir lo que ya existe para ti.

No esperes a esas dos horas de la semana que tienes reservadas para hacerlo. Aprovecha cada momento en el que seas consciente de ese caos mental.

Pon atención en todo lo que te rodea y a tus acciones.

Solo ábrete a que suceda y cáptalo. Puede que sea inmediatamente, o puede que lo percibas en unas horas, días, etc. Solo estate abierto a ello. Observa, mira y escucha.

Esa es la magia universal.